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HISTORIA DE CALABOR |
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La aldea de Calabor se constituyó como tal bajo la influencia
de los romanos en la Península, aunque también existen indicios
de que los celtas y los íberos habitaron en ella.
Una de las razones que motivaron el asentamiento de estos
pueblos en una zona tan aislada de los grandes
núcleos urbanos de la época fue su riqueza en minerales (estaño,
cobre, oro, platino), que usaban para la elaboración de monedas,
enseres domésticos y armas. De hecho, los visigodos acuñaron
monedas de varios de sus reyes en la CECA de Calabor, por
aquel entonces denominado CALAPAX.
Pero el gran valor de Calabor residía en sus aguas curativas. Los romanos, grandes aficionados a los baños termales y al cuidado de la salud, encontraron sus aguas tan beneficiosas que incluso en aquellos tiempos la exportaban a distintos puntos de Europa.
El destino de la aldea por tanto, quedó siempre ligado a la
explotación de sus aguas. Pero fue a partir de finales del
siglo XVIII cuando el Balneario de Calabor floreció y se amplió
con la construcción de una edificación para los enfermos más
graves, con dos amplias zonas de baño, una para hombres y
otra para mujeres, donde había que guardar turno para entrar
en las bañeras que en aquel entonces se calentaban a base
de pucheros en la hoguera.
Ya entrados en el siglo XIX, y debido a la virtud curativa
de las aguas de Calabor, este edificio se agrandó y reformó
en base a un proyecto de Pascual Cañibano, para poder
albergar a los bañistas más adinerados y asegurarles todas
las comodidades existentes en aquélla época; así por ejemplo
se construyó una carretera exclusiva que comunicara la aldea
de Calabor, situada a 2Km con el Balneario, y se instaló una
máquina de vapor que permitía disponer en todo el edificio
de calefacción central y caldera de agua caliente. En esta
época constan repetidas visitas de personajes tan insignes
como la emperatriz Eugenia de Montijo y el marqués de Benavente.
Este caserón pertenecía al pueblo y era éste el que arrendaba
su explotación, hasta que de común acuerdo a principios del
siglo XX se procedió a su venta a un grupo de empresarios
de Zamora y Madrid.

Fue en este siglo cuando el Ministerio de la Gobernación,
durante la 1ª etapa de la Restauración en España,
mediante una Real Orden emitida el 14 de diciembre de 1887
declara de utilidad pública el Agua de Calabor y en 1928,
se reconocen de manera oficial sus propiedades Minero-Medicinales.
Una vez privatizado, el destino del Balneario fue pasando
de mano en mano, hasta que un desgraciado incendio destruyó
este recuerdo del pasado en los años 60, dando paso
a la nueva era que verían las aguas medicinales.
A raiz del infortunio, un ilustre vecino del lugar compró la propiedad y pensó en hacer llegar las riquezas curativas del agua a tantos lugares como fuera posible. Así surgió la idea de la planta embotelladora, a principios de los 70.
El Agua de Calabor comenzó su andadura vendiéndose principalmente
en farmacias como un agente beneficioso para enfermedades
del riñón, digestiones pesadas y enfermedades de la piel,
ganándose un gran prestigio entre sus consumidores y expandiéndose
por muchas zonas de España y del extranjero.
En la actualidad es nuestra la responsabilidad de relanzar al mercado esta fuente de salud, haciéndole llegar en estado puro un producto de tan exclusivas virtudes.
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